Una noche lluviosa de noviembre de 2011. Son las 2:30 de la madrugada en la oficina. El escritorio está cubierto de facturas sin pagar, avisos bancarios y nóminas que vencen en 24 horas. En la sala contigua, tu mejor amigo y cofundador Arda dibuja en la pizarra los planes de rescate para mañana — todavía con una sonrisa esperanzada que confía plenamente en ti. Si las nóminas no se pagan antes de las 9 de la mañana, la empresa quiebra. En ese momento, el teléfono de tu escritorio empieza a sonar.
¿Cómo afrontas la llamada?
